Ingredientes:
-2 vasos de harina
-1/2 cucharada de bicarbonato
-1/2 cucharada de sal
-170 gramos de mantequilla sin sal, un poco derretida.
-1 vaso de azúcar moreno
-1/2 vaso de azúcar blanca
-1 cucharada de extracto de vainilla
-1 huevo
-1 yema de huevo
-2 vasos de chips de chocolate
Procedimiento:
Precalentamos el horno a 165ºC grados, por los dos lados.
Y cubrimos la bandeja del horno con papel antiadherente [papel plateado].
En un bol, tamizamos la harina, la sal y el bicarbonato, y reservamos.
En otro recipiente, mezclamos la mantequilla, previamente derretida, con el azúcar moreno y el azúcar blanco.
Incorporamos a esa mezcla el huevo, la yema, y el extracto de vainilla, y a continuación seguimos batiendo hasta que quede una mezcla ligera y cremosa.
Poco a poco, vamos incorporando la harina, y mezclando bien hasta obtener nuestra mezcla.
Es aquí donde mi receta difiere un poco de la original. Llegados a este punto, la masa resultante es demasiado pegajosa y no mantiene la forma bien. Es aquí cuando, según la receta original, se incorporan los chips de chocolate y se termina de mezclar con las manos. Yo intenté seguir los pasos de la receta pero me resultó imposible. Es verdad que con cualquier masa de galletas, siempre se te pega un poco a las manos cuando empiezas a mezclar, pero en este caso no sólo se pegaba sino que resultaba imposible trabajar con ella. Lo que hice fue añadir poco a poco más harina a la masa. Lo hice “a ojo”, pero muy poco a poco porque tampoco quería que se me quedase una masa tan seca como por ejemplo la de las pastas de mantequilla. Simplemente hay que añadir la harina suficiente como para poder trabajar con la masa más o menos bien.
Una vez tengamos la textura apropiada, añadimos las chips de chocolate, y las incorporamos bien a la masa ayudándonos de las manos. Es aquí donde mi receta difiere también un poco, y lo que empezó como un error, se ha convertido ahora en un paso fundamental de mi receta. Al ir a comprar los ingredientes, no encontré chips de chocolate de las que quería. Pensé que sería tan sencillo encontrarlas como en EEUU, que están en cualquier súper, así que me confié demasiado y por dejarlo para el último momento, me fue imposible encontrarlas. Así que decidí comprar un par de tabletas de chocolate y triturarlas en la Thermomix, que aunque no queden redonditas como las chips, para el caso es lo mismo. Seguramente tendría que haber usado chocolate negro de cobertura, que es más duro y se tritura bien en la Thermomix, pero como me había empeñado en usar chocolate con leche, usé dos tabletas de chocolate Nestlé. (Según escribo estas palabras, me estoy dando cuenta de que era bastante obvio lo que iba a ocurrir usando ese chocolate, pero en el momento, ni lo pensé…). En fin, obviamente, al meter las tabletas en la Thermomix, y aunque sólo pulsé el botón turbo durante décimas de segundo, lo que salió fue más bien polvo de chocolate….Oops!. Era evidente que un chocolate tan blando como el de las tabletas de Nestlé no podía dar otro resultado. Y aunque en casa había chocolate de cobertura con el que podría haber repetido el proceso con mejores resultados, procedí, muy digna yo, a incorporar mi polvo de chocolate a la masa de galletas. ¡Y vaya acierto!. ¡Es la galleta perfecta!. Una galleta con millones, que digo millones, billones de chips de chocolate microscópicas. De verdad que tuvieron un éxito increíble, os recomiendo que al menos las probéis una vez.
Una vez tengamos la masa lista, hacemos bolitas no muy grandes con las manos, y las colocamos sobre la bandeja del horno, asegurándonos de dejar como poco una separación de 3cm entre bolita y bolita. Despues usa una cuchara para bolas de helado tamaño mini, y a lo mejor es por eso que no le importa que la masa sea tan pegajosa, pero si tenéis que hacerlas con las manos, tendréis que añadir la harina extra como os he explicado.
Hay que hornear las galletas durante 10-15 minutos, pero todo depende de nuestro horno y del tamaño de las galletas. Al sacarlas del horno estarán extremadamente blandas, tanto que será imposible moverlas e incluso parecerá que no están hechas. Suelen estar listas cuando los bordes adquieren ese color doradito tan característico. En cualquier caso, en mi opinión es mejor quedarse corto que pasarse con el tiempo de horneado. Es de esas galletas crujientes por los bordes pero blanditas en el centro, que es lo que las hace perfectas, así que mejor que queden un pelín crudas que no demasiado secas.
Hay que dejarlas reposar en la misma bandeja hasta que endurezcan un poco, unos cinco minutos, y a continuación transferirlas a una rejilla para dejar que se enfríen.

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